Babá, el primer discípulo
Babá (Sebastião Lima da Silva), el primer discípulo de Chico da Silva en Pirambu: el taller de Bluhm, el escándalo de 1966, la firma propia en 1977 y 27 telas en la Colección João Cunha.
Sebastião Lima da Silva firma Babá. Fue el primero de los muchachos de Pirambu en poner la mano en una pintura de Chico da Silva, y su manera de pintar acabó por volverse el modelo del grupo entero. Quien estudió la escuela de cerca lo entrevistó: el politólogo David Silberstein, que publicó su estudio del circuito en 1977, en la Revista de Ciências Sociais de la UFC, y lo llama el primer discípulo de Chico; y Roberto Galvão, autor de Chico da Silva e a Escola do Pirambu (1985). El volumen A Escola do Pirambu: um legado de Chico da Silva, organizado por la curadora Flávia Muluc en 2024, reúne los dos textos y es la fuente principal de este artículo. La Colección João Cunha conserva 27 telas que él pintó entre 2004 y 2011.
La zapatería y la ventana
El padre tenía un taller de calzado y quería que el hijo aprendiera el oficio. Babá conoció a Chico en un alboroto, cuenta Galvão: la prensa fue a visitar al pintor a la casa de la rua Santa Inês y el muchacho fue a ver. Después se quedaba casi todo el tiempo a mirar cómo pintaba Chico. Galvão fecha los primeros ayudantes a fines de 1963 o comienzos de 1964 y describe el recorrido del aprendizaje, el mismo que después valdría para Garcia: primero el relleno, los colores planos dentro del trazo; después la pigmentación, el punteado que daba la textura; y solo algún tiempo más tarde la creación de las figuras.
Galvão no cierra quién llegó primero. Babá fue el primero en pintar con Chico, escribe, pero Claudionor pudo haber empezado antes en la confección de los dibujos, e Ivan, en un testimonio a Galvão, creía que los blocs de papel ya trazados que veía en casa de Chico eran de Claudionor. El propio Claudionor, en las memorias que la familia publicó en 2024, discrepa en un punto: dice que Babá no sabía dibujar y que, cuando los pedidos apretaban, recortaba sus dibujos para usarlos de molde y reproducirlos en la tela.

La casa de Bluhm
Henrique Bluhm, el primer representante de Chico, llegó de sorpresa a Pirambu y encontró al pintor ebrio y a los ayudantes trabajando en los cuadros. Descubrió allí que otras manos participaban. Intentó llevar a Chico a pintar fuera del barrio y no lo consiguió, porque el pintor tenía clientela que compraba en la puerta de su casa. La solución fue mandar a Babá. Chico lo dejaba allí y pasaba al final del día solo para firmar los cuadros. Según Galvão, que atribuye el dato al testimonio del propio Babá, empieza ahí el primer taller paralelo al de Chico. La mujer de Bluhm, Di Caura, también pintó, y de quién eran los dibujos de ese taller no se sabe. Silberstein describe el mismo arreglo y sitúa el trabajo en la trastienda de la cafetería que Bluhm tenía en el centro de Fortaleza. Claudionor, que vendía al marchante dibujos en papel duplex, da el nombre del establecimiento, la Lanchonete D’Caura, y dice que quienes pintaban aquellos dibujos eran Chico y Babá. La cronología de Chico da Silva: do delírio ao dilúvio, que Galvão publicó en 1989, marca 1965 como el año en que Bluhm contrató a Babá.
Febrero de 1966
El arreglo estalló en febrero de 1966. El Jornal do Brasil del 8 de febrero informó desde Fortaleza que Chico había denunciado como falsos los cuadros que la galería Relevo vendía en Río de Janeiro con su nombre. El pintor señalaba a Bluhm como autor intelectual de la falsificación y decía que las telas habían sido pintadas por encargo por Babá, que “ya habría confesado haber hecho 40 cuadros”, con precios de hasta Cr$ 200 mil. En la misma nota, Bluhm respondió que casi todos los cuadros de Chico eran falsos, porque él industrializaba el arte y se limitaba a firmarlos, y negó haber encargado tela alguna a Babá. Estrigas registra que la denuncia a la policía partió de Dalva, mujer del pintor. Galvão anota el detalle que desmonta la acusación: en la comisaría, Chico reconoció como auténticas obras que eran de Babá.

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El escándalo deshizo el taller y su lugar en la casa del maestro. Babá no volvió a trabajar en el taller de Chico. Intentó una individual con apoyo del gobierno en la Casa de Cultura Raimundo Cela, sin éxito, escribe Galvão, y montó taller propio en Pirambu, donde, como el maestro, recurrió a ayudantes y amplió el número de los que hacían Chicos da Silva. Dos hermanos suyos, Manuel y Carlos, el Cainha, están en la relación de pintores que Galvão levantó. Claudionor cuenta lo mismo desde dentro: hasta los hermanos de Babá se aventuraron en el primitivismo, y fue una década rentable.

La mano que se volvió modelo
El juicio más fuerte que Galvão hace en la monografía es sobre su factura. Aunque Chico pretendiera ser el catalizador de aquella pintura, escribe, la manera de pintar de casi todos los que hicieron la Escuela de Pirambu acusó una influencia marcada de la pintura de Babá, y no por voluntad consciente de imitarlo: “simplemente su pintura era la más bella”, hasta el punto de que algunos la consideraban superior a la del maestro, y se volvió el modelo a alcanzar. Galvão le atribuye la aparición de las formas de mandala en el repertorio, como atribuye a Chica los rosetones y los fondos negros. Garcia, en el documental Memória e Imaginário (2024), lo describe como el minucioso del grupo, el que gustaba de los acabados finos. En el volumen de 2024, el investigador Lucas Dilacerda escribe la escuela como si tuviera cuadro de profesores, y la asignatura de Babá es el vocabulario difícil de las formas y de los colores.

Su nombre en la tela
En 1977, el artista Hélio Rôla, el restaurador Gilberto Brito y Silberstein fundaron en Fortaleza el grupo de estudios “Chico da Silva e a Escola do Pirambu”, para mostrar el oficio de los cinco contra la versión que la prensa repetía; la historia del grupo está en el artículo sobre la Escuela de Pirambu. En marzo expusieron como “Os Pintores do Pirambu” en la III Exanor, y fue a partir de esa muestra, registra Silberstein, que empezaron a firmar los cuadros con sus propios nombres. La columna “O Homem e as Coisas”, en el Correio do Ceará del 16 de marzo de 1977, escribió que más valía comprar un trabajo firmado por Babá, Francisca, Ivan, Claudionor o Garcia que arriesgarse a la compra de una supuesta pintura de Chico da Silva. Al mes siguiente, en el XXVII Salão de Abril, los cinco pintaron ante el público, en la Casa de Cultura Raimundo Cela, a lo largo de siete días, el panel Homens Trabalhando, cuatro metros por dos, acrílico sobre tela; Chico salió del hospital para trabajar con ellos y firmó la obra al final, y Marcus Vale y João Vale lo filmaron todo en Super-8. La tela entró en el acervo del Museu de Arte da UFC en 2023, después del proceso que el volumen de 2024 reconstituye. De lo que Babá firmó en esos años, el libro reproduce dos telas sin título, de 1973 y 1979, de la colección de Hélio Rôla.

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2004: de vuelta a la tela
Erika Cavalcanti, periodista e hija de Claudionor, cuenta en la presentación de las memorias de su padre que la sociedad con el Instituto Cultural Oboé nació después de que él volviera a acercarse a Garcia y Babá, a mediados de 2004. Ese ciclo tiene artículo propio, el Instituto Oboé. Chico llevaba muerto casi veinte años, cada pintor firmaba con su propio nombre y el material era acrílico sobre tela, en formatos que rondan los 75 por 100 centímetros. Las 27 pinturas de Babá en la Colección João Cunha son de ese período, de 2004 a 2011, y entran en el catálogo bajo la doble atribución Chico da Silva por Babá: el universo es del fundador, la factura es del discípulo.

La socióloga Gerciane Oliveira lo entrevistó en 2014, para la tesis É ou não é um quadro Chico da Silva?, que defendió en la UFC al año siguiente. En abril y mayo de 2024, obras de los cinco se expusieron en el Centro Cultural Belchior, en la Praia de Iracema, en Fortaleza, con telas de la colección de Hélio Rôla, y de esa muestra salió el libro. El libro nombra a Garcia como el único del núcleo todavía vivo. Las telas de Babá están en el índice de pinturas, junto a las obras que el propio Chico firmó.


