Ivan de Assis, el cine en el bestiario

Ivan de Assis (Ivan José de Assis), del núcleo original de la Escuela de Pirambu: conoció a Chico da Silva antes de la fama, metió los animales alados y la pelea de gallos en el repertorio y pintó un lienzo suyo en 2000.

Ivan José de Assis figura en las relaciones de pintores de la Escuela de Pirambu como Ivan y firma sus lienzos Ivan de Assis. Es uno de los cinco del núcleo original y el que llegó sabiendo dibujar. Fue también el único que conoció a Chico da Silva antes de que hubiera motivo para conocerlo: vecino de los años en que el pintor todavía arreglaba paraguas viejos y hacía hornillos de hojalata para vender. Casi todo lo que se registró de él viene de dos sitios, y en ambos habla él: las entrevistas que Roberto Galvão tomó para Chico da Silva e a Escola do Pirambu (1985) y una declaración que dio a la campaña de 1977 en favor del pintor, publicada por el crítico cearense Estrigas en su biografía de 1988. Ivan murió en 2003. La Colección João Cunha tiene un lienzo suyo, pintado tres años antes.

El vecino que lo conoció primero

Casi nada quedó del Chico da Silva anterior a Jean-Pierre Chabloz. Galvão lo dice sin rodeos en 2024 y nombra sus fuentes sobre la temporada de Fortaleza: testimonios orales vagos, dados por Claudionor y Ivan de Assis, los dos ya muertos, los dos vecinos de Pirambu que convivieron con el pintor antes de que llegara el suizo. Eso sitúa a Ivan en el terreno más antiguo de esta historia, y su declaración completa lo que vio el barrio. Conoció a Chico, cuenta, mucho antes de que el hombre surgiera como pintor primitivo, cuando se ganaba la vida arreglando paraguas viejos y haciendo hornillos de hojalata para vender. Chico le mostraba los trabajos, emocionado cada vez. “Daí surgiu o meu despertar para a pintura”, escribió: ahí despertó su pintura.

La misma declaración da el orden del aprendizaje en una sola línea: pasó a dibujar y a rellenar las figuras con pintura, para que Chico hiciera la pigmentación. “Foi assim que aprendi a pintar e pinto até hoje”, cierra, escribiendo en 1977, trece años después de empezar. Y guarda algo que nadie más se molestó en anotar. En las fiestas a las que fue, Chico recitaba a su manera ingenua, y una cuarteta quedó en la memoria del discípulo: Me chamo Chico da Silva / De fala branda e macia / Passo na água, não molho, / Piso na folha e não chia.

Del dibujo a la pigmentación

Galvão fecha a los primeros ayudantes a finales de 1963 o principios de 1964 y nombra a cuatro: Babá, Claudionor, Garcia e Ivan. La invitación llegó a Ivan en un momento preciso. Hacía dibujos inspirados en la mitología griega, por influencia de las películas americanas que pasaban en los cines de Fortaleza, cuando Chico lo llamó a trabajar. Empezó solo dibujando. Después pasó a los colores planos que servían de base al puntillismo que el maestro se reservaba y, algún tiempo después, en 1964, ya hacía también ese trabajo decorativo, que el grupo llamaba pigmentación.

Ese recorrido importa por donde termina. Cuando Galvão describe cómo el núcleo repartía la tarea, Ivan es el único nombre a ambos lados de la línea: Claudionor, Ivan y rara vez el propio Chico hacían los dibujos; Babá, Ivan y Garcia se encargaban del color y de la pigmentación. Chico se quedaba con el acabado, la mano de barniz aplicada con una bomba flit, la firma y la venta. Cómo funcionaba el taller, y en qué acabó, es el asunto de la Escuela de Pirambu.

Ivan es además el testigo que Galvão usa para dejar abierta la cuestión de quién dibujó primero. Preguntado, respondió que antes que él Chico aparecía con blocs de papel ya dibujados, y que no sabía de quién eran: “Eu creio que esses desenhos eram de Claudionor porque depois que eu conheci Claudionor os seus traços eram bem parecidos com o dos desenhos que eu via na casa de Chico.” La mano que reconoció, años después, era la de Claudionor.

El cine en el bestiario

La afirmación más fuerte que hacen las fuentes sobre Ivan tiene que ver con lo que puso dentro de la obra. Claudionor, escribe Galvão, desarrolló un universo de tipos fijos, de dibujo definido, con características específicas y nombres propios; Ivan de Assis agregó al imaginario de Chico una serie de elementos nuevos, animales alados recogidos entre las inmersiones en su propio inconsciente y las pantallas de los cines con películas hollywoodenses de temas mitológicos grecorromanos. La socióloga Gerciane Oliveira, de la Universidad Federal de Ceará, sigue el mismo hilo más allá: esos elementos figurativos, escribe, fueron apropiados por el propio Chico da Silva en la obra individual que produjo en 1970. El Hollywood del aprendiz acabó dentro de la pintura del maestro.

La pelea de gallos tiene el mismo origen y una historia menor y mejor. Los clientes empezaron a pedir gallos parecidos a los que pintaba Aldemir Martins. Ivan los satisfizo apropiándose de un gallo que encontró en la tapa de un cuaderno escolar de dibujo y, a partir de él, compuso la pelea, incorporada de inmediato al repertorio. Claudionor cuenta su lado en las memorias que su familia publicó en 2024: Chico le propuso el dibujo de la pelea de gallos, que también fue dibujada por Ivan de Assis, su compañero de trabajo; todos los que después pintaron peleas de gallos, añade, trabajaban sobre su dibujo o sobre el de Ivan. Garcia, entrevistado en 2024 y de nuevo en 2026, atribuye la pelea a Claudionor. El motivo salió del grupo, y el grupo nunca se puso de acuerdo sobre qué mano fue primero.

Gallos, Chico da Silva, 1974
Gallos (1974), Chico da Silva

El curador Lucas Dilacerda, que en 2024 escribe la escuela como si tuviera un claustro de profesores, le da a Ivan la materia que le corresponde: es el maestro de la dramatización, el que enseñaba a construir escenas insólitas que unas veces parecían peleas y otras fiestas de bichos danzantes.

El taller de Maurício Xerez

En 1967 el marchante Maurício Xerez montó el segundo taller paralelo al de Chico, y toda su producción salía de las manos de Ivan, del dibujo a la pigmentación. Los otros dos repartían la tarea: en el de Henrique Bluhm quien pintaba era Babá, con la mujer del marchante, Di Caura, trabajando también en los cuadros, y Valentin Mickaliuck compraba cartulinas solo dibujadas y contrataba a un pintor de publicidad para rellenarlas. El arreglo contaba con el conocimiento del maestro: Chico posaba junto a los cuadros terminados para fotografías que servirían de documento de autenticación y acudía a las inauguraciones. Es también en el taller de Xerez donde cambia el material. El lienzo entra por ser más rápido de pintar que la cartulina y valer más en la venta, y el comercio entero fue detrás. Lo que ese mercado hizo con la pintura, y con el pintor, está en la fábrica de cuadros.

Dos frases de aquellos años sobrevivieron porque Ivan las repitió. Una es del marchante. Xerez, le contó a Galvão, solía decir “Depois de mim, o Dilúvio”, después de mí el Diluvio, que es exactamente lo que el comercio en torno a Chico hacía sabiendo que lo hacía; Galvão titularía su libro de 1989 Chico da Silva: do delírio ao dilúvio. La otra frase es del propio Ivan, y no es modesta: la gente de Aldeota, el barrio rico que compraba la mayor parte de los cuadros, no notaba la diferencia entre su trabajo y el de Chico. Galvão cita la frase y discrepa del razonamiento, recordando que aquellos compradores nunca habían visto un cuadro hecho solo por Chico, así que no tenían con qué compararlo.

El propio nombre en el lienzo

En marzo de 1977 el grupo de estudios formado por el artista Hélio Rôla, el restaurador Gilberto Brito y el politólogo David Silberstein llevó a los cinco a la III EXANOR como “Os Pintores do Pirambu”. El Correio do Ceará saludó la muestra como un encuentro necesario con el barrio y planteó la cuestión en los términos que el grupo quería: un puñado de artistas de innegable valor, ahora conscientes de que pertenecen a una escuela de pintura creada instintivamente por Chico da Silva, y no copistas de su creatividad. Desde aquella muestra en adelante firmaron con sus propios nombres.

Correio do CearáFortaleza, 16 de marzo de 1977, p. 4
Columna estrecha de periódico con el título "O Homem e as Coisas" en dos líneas, el subtítulo "Os Pintores do Pirambu" y un segundo subtítulo a mitad del texto.
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"O Homem e as Coisas: Os Pintores do Pirambu" (El hombre y las cosas: los pintores de Pirambu). La columna comenta la muestra del grupo en la III Exanor y aconseja comprar un trabajo firmado por Babá, Francisca, Ivan, Claudionor o Garcia antes que arriesgarse con una supuesta pintura de Chico da Silva.Correio do Ceará, Fortaleza, 16 de marzo de 1977, p. 4. Portal da História do Ceará.

Al mes siguiente, en el 27º Salón de Abril, los cinco pintaron ante el público el panel Homens Trabalhando, y Chico salió del hospital para trabajar a su lado y firmar la obra al final. Ivan cerró su declaración a la campaña con la misma nota práctica: exponer su propio trabajo, escribió, era su parte en la ayuda para restablecer a Chico.

Dos años después el maestro ya lo llamaba otra cosa. En junio de 1979, en el reportaje donde enumeró las marcas que hacían suyo un cuadro, Chico dijo al Correio do Ceará que había cuadros de Ivan, Claudionor y Vavá muy parecidos a los suyos, hoy firmados con el nombre de sus autores, y llamó a los tres exfalsificadores que solo hacía poco habían empezado a firmar. En la misma conversación afirmó que hasta su hija Chica falsificaba sus cuadros, pintados sobre los trazos de Ivan. El volumen de 2024 sobre la escuela reproduce dos lienzos sin título que Ivan firmó en ese mismo 1979, de la colección de Hélio Rôla.

Correio do CearáFortaleza, 28 de junio de 1979, p. 13
Página de periódico amarillenta: un gran titular acusando a falsificadores, una fotografía del pintor con la mano alzada y, al pie, la pintura de un pez fotografiada como prueba de firma.
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"Chico da Silva volta a acusar falsificadores" (Chico da Silva vuelve a acusar a falsificadores). El pintor enumera sus marcas de autenticidad y sus tres puntos de venta; la página cierra con el perfil "O Pintor das Danações" y una fotografía de una firma sobre el dibujo a lápiz.Correio do Ceará, Fortaleza, 28 de junio de 1979, p. 13. Portal da História do Ceará.

Mujeres y frutas, 2000

El lienzo de esta colección fue pintado en 2000 y no tiene dragón, ni gallo, ni animal alado. Tres figuras sentadas se aprietan detrás de una palangana azul claro de marañones; frutas verdes redondas se apilan a la derecha bajo un abanico de hojas; el fondo va pincelado en franjas verticales de rosa, pizarra y vino, cortadas por dos arcos rojos anchos. Los rostros son largos, de párpados pesados, y los miembros están modelados en rosa y blanco. Es la paleta de la escuela en un asunto que la escuela nunca pintó.

Mujeres y frutas, Ivan de Assis, 2000
Mujeres y frutas (2000), Ivan de Assis

De esto habla Galvão cuando dice, en una entrevista grabada para la exposición de 2024, que quien ve un trabajo de Ivan de Assis y cree que es un Chico da Silva está loco. La frase suele leerse como saber de perito, un aviso al mercado. Leída junto a este lienzo dice algo más simple: un pintor que pasó los años sesenta dibujando los monstruos de otros tenía un asunto propio, y lo pintaba siempre que firmaba por sí mismo.

El cuadro salió del taller como regalo a la hermana del pintor y vino de ella, en 2026, a la Colección João Cunha, y esa es toda su historia. Galvão, que entrevistó a Ivan para la monografía de 1985, ha dicho que ya no conserva la grabación. De aquella voz queda lo que otros anotaron, y un lienzo, en el índice de pinturas.