Chica da Silva, la hija del pintor

Chica da Silva (Francisca da Silva), hija de Chico da Silva y única mujer del núcleo de la Escuela de Pirambu: la entrada a los diez años, su propio nombre en la tela en 1976 y telas fechadas entre 1973 y 1984.

Francisca da Silva firmaba Chica da Silva. Hija de Chico da Silva, fue la única mujer del núcleo inicial de la Escuela de Pirambu y el único nombre que su padre repitió cada vez que la prensa le preguntó quiénes eran sus alumnos. El nombre comparte la búsqueda con una figura del Brasil del siglo XVIII, de Minas Gerais; esta Chica da Silva vivía en Pirambu, en Fortaleza, y aprendió a pintar en las cartulinas que su padre clavaba en la pared de la casa. Dejó un testimonio, publicado en el catálogo de la exposición “Os Pintores do Pirambu” en 1977, que es el registro más largo en su voz: Roberto Galvão lo cita en Chico da Silva e a Escola do Pirambu (1985) y Estrigas lo transcribe completo en A Saga do Pintor Francisco Domingos da Silva. El resto viene de la monografía de Galvão, del volumen A Escola do Pirambu: um legado de Chico da Silva (ed. Flávia Muluc, 2024), de la socióloga Gerciane Oliveira y de los diarios de Fortaleza.

Diez años, un viernes

“Cuando empecé a pintar con papá, tenía diez años”, empieza el testimonio. Galvão fecha ese comienzo en 1965, rellenando los colores, y el volumen de 2024 la coloca en el taller después de Garcia y Babá y antes de Ivan y Claudionor, lo que coincide con lo que ella cuenta: cuando llegó, los otros ya estaban. El padre pintaba cartulinas clavadas en la pared y un día le dijo que debía aprender su oficio. La respuesta de la hija fue una pregunta práctica: “Papai, seguir a sua arte não tem broca não?”, papá, ¿seguir tu arte no da hambre? Broca, en Ceará, es hambre. Fue un viernes cuando él la llamó y la puso a trabajar en una cartulina; tardó unos cinco días, pero el cuadro salió. Chico lo vendió por cien cruzeiros y le dio treinta. Recordaba la cifra por lo que hizo con ella: se compró un vestido.

El mismo testimonio cuenta el resto en pocas frases. Siguió pintando, ayudando a su padre, “hasta que un día me dijo que firmara con mi propio nombre”; fue entonces cuando empezó a poner “Chica da Silva” en los cuadros. Su hermano Roberto entró después, también por el relleno, con el padre haciendo el boceto para que él lo rellenara. Ella ya había pintado incluso paneles. En 1972, en una entrevista con el periodista Luiz Ernesto Kawall, el padre resumió la familia y la escuela en una sola frase: “tuve 12 hijos, 5 están vivos y solo Chica da Silva pinta como yo”. En la misma conversación dijo que reconocía como alumnos solo a ella y a Manuel, un muchacho que criaba y trataba como sobrino. En 1979, a O Povo, negó que existiera escuela alguna: “Nunca le enseñé nada a nadie, salvo a mis hijos Roberto y Chica, que por esfuerzo propio fueron intentando imitar al viejo”. Ella sabía lo que eso costaba: quería encontrar una manera de ayudar a su padre y a la familia, contó en el testimonio, “porque él siempre pone mi nombre en medio de todo”.

Su mano en el cuadro

Galvão describe la división del trabajo en el taller: Ivan y Claudionor dibujaban, Garcia, Babá y Chica rellenaban los campos de color, y Chico se reservaba el acabado, el barniz, la firma y la venta. Gilberto Brito, restaurador que pasó parte de su juventud en la casa, da la versión más pegada al suelo. Por la mañana Chico clavaba cinco o seis dibujos en la pared con tachuelas de zapatero, y quienes pintaban, además de él, eran “básicamente Garcia y Chica, su hija”. El mismo testimonio trae el detalle menos heroico y más verosímil del conjunto: Francisca, que estaba empezando, era “un poco descuidada” y la llamaban todo el tiempo de vuelta al trabajo su padre o su madre. Era una niña.

El repertorio del grupo también lleva su mano. En la lista donde Galvão acredita a cada pintor lo que aportó a ese vocabulario, Chica entra con los rosetones. La frase siguiente es el origen de una confusión: los fondos negros aparecen pegados al apodo de otro pintor de su propia relación, Soldadinho, y en las reimpresiones del pasaje la puntuación separa igual los pares nombre-aporte. El ensayo de Lucas Dilacerda en el volumen de 2024, que imagina la escuela con un claustro de profesores, hace del fondo negro su lección: “la profesora Chica enseñó que el fondo negro era un océano oscuro de posibilidades”. El propio volumen, páginas antes, explica el fondo negro sin autor alguno, por el mercado: quedó en el repertorio porque vendía bien. Garcia, que pintó a su lado y ha contado la historia de la escuela en dos entrevistas, no atribuye el fondo a nadie.

“La escuelita de mi padre somos nosotros dos”

El 7 de junio de 1976, con el pintor internado, O Povo publicó otro reportaje sobre lo que llamaba la babel de los cuadros de Chico, y en él la casa aparece enfrentada al barrio. La pintora Heloísa Juaçaba hablaba de una escuelita con 28 profesionales en Pirambu; el representante del pintor negaba que existiera. Francisca pidió la palabra y respondió, indignada: “La escuelita de mi padre somos nosotros dos, yo y Roberto. Y nadie más”. Gerciane Oliveira lee la escena como estrategia de mercado: reducido a la sangre, el permiso de pintar a la manera de Chico se volvía monopolio de los hijos, y las telas pasaron a clasificarse por la mano que las hizo, un Chico producido por Chico, un Chico producido por Chica.

La misma página trae un subtítulo en mayúsculas, FRANCISCA VAI ASSINAR, Francisca va a firmar. “A partir de ahora voy a pintar con mi nombre”, dijo ella, que según Juaçaba tenía mucho talento. Era junio de 1976, casi un año antes de que el grupo entero empezara a firmar. El reportaje también registra quién vivía en la Casa de Chico da Silva mientras el pintor estaba en el hospital: el hijo Carlos Roberto, Francisca Domingos da Silva y sus dos hijos menores.

O PovoFortaleza, 7 de junio de 1976, p. 4. Texto de Carvalho Nogueira, fotos de Edson Pio
Fotografía de periódico: una mujer de pelo corto y oscuro, con blusa blanca, sentada mirando a la cámara, con un estante de objetos detrás y una mesa al lado; el pie impreso la nombra como hija de Chico da Silva.
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La hija del pintor, fotografiada para "Ainda a Babel de Chico da Silva" (aún la babel de Chico da Silva), con el pintor internado. Preguntada si existía una escuela en Pirambu, responde: "A escolinha do meu pai somos nós dois, eu e o Roberto. E mais ninguém" (la escuelita de mi padre somos nosotros dos, yo y Roberto, y nadie más). Un subtítulo de la misma página, FRANCISCA VAI ASSINAR, la muestra anunciando que pintará con su propio nombre. El pie impreso dice "Francisca da Silva, filha de Chico da Silva".O Povo, Fortaleza, 7 de junio de 1976, p. 4. Texto de Carvalho Nogueira, fotos de Edson Pio. Archivo O Povo.

Os Pintores do Pirambu

En marzo de 1977 el grupo de estudios formado por Hélio Rôla, Gilberto Brito y David Silberstein llevó a los cinco a la III EXANOR como “Os Pintores do Pirambu”, con una publicación que da su nombre como Francisca Silva; la historia de ese grupo está en el artículo sobre la Escuela de Pirambu. Del catálogo de esa muestra salió el testimonio citado aquí. El día 16, la columna “O Homem e as Coisas”, en el Correio do Ceará, recomendó a los lectores comprar un trabajo firmado por Babá, Francisca, Ivan, Claudionor o Garcia antes que arriesgarse con una supuesta pintura de Chico da Silva.

Correio do CearáFortaleza, 16 de marzo de 1977, p. 4
Columna estrecha de periódico con el título "O Homem e as Coisas" en dos líneas, el subtítulo "Os Pintores do Pirambu" y un segundo subtítulo a mitad del texto.
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"O Homem e as Coisas: Os Pintores do Pirambu" (El hombre y las cosas: los pintores de Pirambu). La columna comenta la muestra del grupo en la III Exanor y aconseja comprar un trabajo firmado por Babá, Francisca, Ivan, Claudionor o Garcia antes que arriesgarse con una supuesta pintura de Chico da Silva.Correio do Ceará, Fortaleza, 16 de marzo de 1977, p. 4. Portal da História do Ceará.

Al mes siguiente, en el XXVII Salão de Abril, los cinco pintaron ante el público, en la Casa de Cultura Raimundo Cela, el panel Homens Trabalhando, cuatro metros por dos. Chico salió del hospital para trabajar con ellos y firmó la obra al final. Claudionor, en el memorial que su familia publicó en 2024, nombra a quienes estaban allí: él, Babá, Garcia, Ivan “y Chica, hija de Chico”. Marcus Vale y João Vale lo filmaron todo en Super-8, y la tela entró en el acervo del Museo de Arte de la Universidad Federal de Ceará en 2023.

Las telas que firmó

El volumen de 2024 reproduce telas sin título firmadas por ella, fechadas en 1973, 1979 y 1984, todas del acervo de Hélio Rôla; la de 1973 es anterior al año en que anunció su propio nombre en el diario. Una obra suya llegó al Estado por otro camino. Cuando Ceará adquirió, en 2001, lo que quedaba de la colección que Jean-Pierre Chabloz formó con los gouaches del padre, en el lote entró, junto a los dieciséis Chicos y a los trabajos del propio Chabloz, un cuadro de Chica da Silva; el catálogo Chico da Silva vê Chabloz vê Chico da Silva (Secult, 2001) lo registra en una línea.

El juicio del mercado sobre esas firmas llegó rápido. En marzo de 1978 la revista Arte Hoje fue al taller de Pirambu, encontró la casa bajo la guardia del representante del pintor y a nadie dispuesto a hablar. “Incluso Chica se niega a hablar”, escribió el reportero André Papi. El texto explica que los cuadros eran terminados por otras manos y firmados por Chico para valorizarlos, dice que de eso nadie hizo nunca un secreto, y resume la preferencia de los compradores en una pregunta: “¿Quién cambiaría la firma de Chico por un Claudionor, un Babá, Garcia, Ivan o Chica?”

Lo que vino después de ella

Chica murió antes de 2024: el volumen de ese año nombra a Garcia como el único del núcleo aún vivo, y dedica el libro a Chico, Babá, Claudionor, Chica, Ivan y Garcia. Ninguna de las fuentes reunidas aquí da la fecha de su muerte. La pintura siguió en su familia. Claudionor cuenta que se casó y que el marido también “se hizo el pintor”. Los dos nombres ligados a ella en la relación de pintores que levantó Galvão, Geraldo y Neto, son los que O Povo listó en 1976 como los dos hijos menores que vivían con ella, Gerardo Filho y Francisco Domingos Filho Neto. El primero es Gerardo da Silva, nacido en 1972, que ganó el primer lugar en la Bienal Naïf de 2004 y expuso en el Louvre en 2007 (Oliveira, 2015). Del segundo, Galvão registra que era nieto de Chico da Silva; en el testimonio de 1977 ella lo llama hermano, con diez años y ya queriendo pintar de tanto ver el movimiento en casa.

La Colección João Cunha no guarda tela firmada por ella. Guarda una de su hijo Gerardo da Silva, a quien Garcia y Maria Augusta también nombran como nieto de Chico y que, según Garcia, fue quien presentó a los pintores de la escuela al Instituto Cultural Oboé, ciclo que tiene artículo propio, el Instituto Oboé. Su tela está en el índice de pinturas, entre las obras de la escuela.

Gallos, Gerardo da Silva, 1998
Gallos (1998), Gerardo da Silva

De los cinco del núcleo, ella es la de rastro más fino: media página de testimonio, algunas frases en el diario, un retrato de 1976, las telas que quedaron con un coleccionista y un cuadro en el acervo del Estado de Ceará. Por ahí se empieza a buscar el resto.